Con orgullo y emoción, presentamos las cartas que fueron seleccionadas en el concurso “Una carta inolvidable”, por el íntegro jurado compuesto por Alberto Alem, Florencia Lobo, Nicolás Romano y Jorge Rodríguez.

GUANACO EN LA LOMA (14 a 17 años):

Tolhuin, 23 de octubre de 2020

   Querido abuelo Pedrito:

Te escribo esta carta para saber cómo estas, y de paso te cuento unas cosas de acá.

Afuera está todo mojado, porque hace rato estuvo lloviendo, el cielo está gris. Pero bueno, que se le va a hacer, mañana va a ser otro día. Eso sí, más temprano estuvo soleado, hacía calor, estaba re lindo el día. Ahora está medio fresco…

Recién vuelvo de mi clase de francés, fue muy divertida, con mis compañeros nos reímos mucho. Es siempre muy relajante estar en las clases de francés. Comimos sándwiches que trajo Maylen, y nos entretuvimos con la música de Marcos. Me senté al lado de Elena, como suelo hacer, y no porque me caiga muy bien (que sí es el caso), sino porque siempre da la casualidad que el asiento más cercano es el que está al lado suyo. Otra vez me olvidé de llevar el mate que hace dos clases les prometí. Bueno, cosa que Mili y María estuvieron igual de calladas que siempre.

Siempre pienso lo mismo, es como si nos dividiéramos en dos grupos; los que hablan hasta por los codos, osea Marcos, Elena y yo; las que no hablan mucho, y si lo hacen es en voz baja o no muy alta, osea Mili, Maylen y María… Ambos grupos, inconscientemente, se encierran en su burbuja y no se hablan entre sí. Igual todos nos llevamos bien, la división es una ocurrencia mía. Bueno, después hacemos tarea, cosas de verbos, oraciones, palabras que hay que tener en cuenta… Es como todos los días, es muy bueno. Pero la persona más interesante, creo yo, es Elena.

Anoche no dormí, me quedé despierto toda la noche, igual que anteayer. No dormir nada me hace estar más risueño cuando llega la clase de francés, es curioso. En fin, no estoy seguro de por qué no dormí. Me quedé pensando… Imaginando. Ya sabés abuelito que mi imaginación es muy grande. Se me acaba de ocurrir una frase para poner en mi Facebook: “La imaginación es un poderoso motor”. Mmm… No, mejor no. Aunque es verdad.

Otra cosa en la que pensé anoche es en Elena… Es que es muy genial, muy entretenida, muy… muy linda. La otra noche, anteayer, hice un poema. Es sobre ella, y es bastante profundo, pero me aterra mostrárselo a cualquiera… Personalmente creo que es genial, pero no me atrevería a mostrárselo a nadie. Vergüenza, sí.

Bueno, mañana es sábado, día de descanso, fin de semana. En este momento, quiero enviarle un mensaje a Elena, un “hola” por WhatsApp. No sé si lo haga. Pero mañana será un nuevo día, otra oportunidad.

Me gustaría volar por el cielo. Algún día tendré un avión, comenzaré a ahorrar desde ahora. Aunque también me gustaría un barco, aunque sea un bote. Tengo que ahorrar mucho.

Cuando termine de escribirte esta carta abuelo, y te la envíe, tal vez me ponga a escribir alguna otra cosa, o buscar una frase para mi Facebook, o leer… Leer es una buena opción.

Ya sabés abuelito, me encanta leer. Hace unos meses empecé a leer historias de Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle, son geniales. También me gusta Julio Verne, todas sus novelas de aventuras son geniales.

Mi perro, Walter, ya sabés, es un maravilloso animal. Mis padres dicen que es tonto y que ahora que está viejo es más tonto. Eso me molesta… Pero sí está viejito, y pronto, tengo que aceptar, se va a morir. Pero no lo voy a olvidar nunca.

Ya sabes abuelo que me gusta mucho escribir. Ahora, aprovechando la ocasión, te voy a contar un secreto: últimamente las cosas que me han estado inspirando para escribir, son el mar, el cielo, Walter, Arthur Conan Doyle con Sherlock Holmes, Julio Verne con todas esas maravillosas aventuras, Tolhuin con sus cambiantes días siempre renovados… y Elena, que no sale de mi cabeza… ¡Vaya! Pero si todas estas cosas te las he mencionado a lo largo de la carta…

Espero que mi carta llegue sana y salva a ti abuelito, y ojalá se terminé la cuarentena para que nos veamos de nuevo.

Te manda saludos y abrazos tu nieto,

Jon Letér

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Jueves 27 de septiembre del 2020

Querido: Joaquín

Escribir cartas, creo que será la mejor forma de desahogarse. El aislamiento para algunos puede resultar normal, para muchos extraño, y para todos una puerta cerrada, en fin… Hace mucho tiempo que no hablamos, te cuento que mis días se han abierto a muchas posibilidades que no sabía que existían: reflexiono mucho mejor, he leído muchos libros, ya me he memorizado los avisos del coronavirus: usar barbijo, desinfectarse, no al contacto, distancia mínima de dos metros, después me reí mucho porque cuando salí a la calle la mayoría utilizaba barbijo, fue como ordenarle a un perro que te diera la pata y te haga caso, muy gracioso la verdad.

Mi rutina, en fase uno se resumía en: desayunar, limpiar el hogar, comer, ver televisión, dormir, un año bastante particular el 2020, en la televisión,  lo único que me parecía interesante era “Las imágenes más espectaculares del mundo”, un programa divertido.

Me acuerdo que jamás te conté, el día en el que a papá se le ocurrió hacer una excursión, vos te quedaste con nuestra hermana en el pueblo junto a los abuelos. Papá y mamá me llevaron a mí, yo accedí de inmediato, dos días después nos levantamos a las seis de la mañana para salir temprano, a las siete nos encontramos en Casabindo, pueblo en el que la abuela Claudina, se crio, el objetivo era llegar a un campo alejado del pueblo, entre primos, tíos y abuelos éramos dieciocho, agradezco haber llevado una simple mochila, ya que cada uno debía traer su carpa, o una frazada, una botella de agua, jugo, víveres, etc. Las primeras cuatro horas de viaje en las que ya debíamos estar en el campo, fueron realmente exhaustivas. Lo más impresionante, fue cuando nos hallamos ante dos grandes llanuras, para explicártelo mejor, imagina un rio de más o menos dos metro de ancho, sus orillas hechas de rocas de más de tres metros, un camino, y a los dos lados paredes hechas de roca sólida, que se levantaban a más de 30 metros de altura, te quiero decir que no había ningún indicio de vida humana, el camino por el que íbamos era tan viejo y tan poco transitado que casi no había huellas, ni en las películas pude ver un bioma tan salvaje y natural, era muy hermoso, claro que como ya sabes había peligros, el principal, era un puma, claramente teníamos con que defendernos  nuestro abuelo tenía un rifle, obvio que mi honda hecha a mano, y unas bolillas no era de mucha ayuda, pero era algo. Lo hermoso del ambiente eran las cascadas, te contare los sucesos más relevantes, (me apeno de no contarte más detalles, en otra situación te los contare mejor), un gato gigante (lince)apareció enfrente de mamá, luego nos perdimos, nos separamos, llovió tanto que las carpas no funcionaron, tuvimos que dormir en una cueva que encontramos (ya habíamos llegado al objetivo en ese momento), el viaje que debió durar cuatro horas de ida tardo nueve horas, y el viaje de regreso duro casi once horas, en conclusión llegamos todos, me canse mucho pero fue el mejor viaje de mi vida.

No sé porque me vino el recuerdo de este viaje, como me dijo un gran hombre un día “la ignorancia es la mejor bebida, es gratis, nunca se acaba, tiene un rico sabor, y lo mejor de toda bebida, te olvidas de todo”, en otras palabras se resumía la fase tres, casi nadie andaba sin barbijo, no hablo de todo el mundo, cada jardín tiene sus plantas buenas, que crecen bien y que dan sus frutos, y las plantas que son ignoradas, no son malas sus raíces, sino, que no fueron cuidadas debidamente, y también están esas plantas que no se rinden y se mueve hacia el sol, hacia el agua, que cada vez que se seca, ve sus errores, y cuando le es posible moverse, intenta alcanzar el sol.

En las noches me pierdo en pensamientos confusos entremezclados con la realidad, parecía que estuviera soñando despierto, la carta está por terminar, espero que hayas disfrutado las anécdotas que dejan al descubierto el aislamiento.

Nos vemos acuérdate de cuidarte, y saludos.

Thekev

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