Grito cada día, sin ser escuchada. Es lo mismo cada día, me ahogo en mi desesperación.

  ¡Ay de mí! El aire se me acaba, no puedo respirar…

  ¡Ay de mí! El Sol de mí no se apiada, y pierdo día a día mi escudo protector.

 

  Dime si sabes que estoy aquí, no me dejes morir así.

  Dime si aún te acuerdas de mí, no me dejes en el olvido.

 

  Te he visto nacer, y no te he negado lugar donde posar…

  Te he visto crecer, y no dejo de llorar por ti. ¿Acaso de acuerdas de mí?

  

  ¡Ay de mí! Mis colores se extinguen, mi interior se quiebra y ardo en el exterior…

  ¡Ay de mí! Porque, aunque hable, no me has de escuchar, y aunque esté muriendo, no has de atender mi sangrar.

  Grito cada día, con la esperanza de que me puedas escuchar. Es lo mismo cada día, me ahogo en mi agonía.

La Tierra.

                                                 JASON CUELLOS, DE TOLHUIN             

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